Domingo 30 de Noviembre de 2025

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CLIMA EN SAVIO

30/11/2025

Memoria y mito: el viaje literario de Amélie Nothomb hacia un Japón reinventado

Fuente: 1764475442

A través de su obra más reciente, la escritora belga convierte la experiencia del exilio en una meditación sobre la infancia, el lenguaje y la capacidad de la literatura para forjar territorios interiores

>Para muchos autores los lugares, las geografías que habitan, los recuerdos de infancia son solo un telón de fondo, el escenario que una novela necesita del mismo modo que un teatro necesita escenografía. Para otros, el lugar se convierte en destino: herida, ruptura y revelación.

Desde su debut a principios de la década de 1990, Nothomb ha escrito sobre Japón de forma indirecta, oblicua y obsesiva. En Metafísica de los tubos, la infancia en la región de Kansai se convierte en una iniciación mística al mundo; en Estupores y temblores, la Tokio corporativa es un teatro de humillación y renacimiento; en Ni de Eva ni de Adán, el amor entre culturas se convierte en un frágil experimento condenado al fracaso. Cada libro es aparentemente independiente, pero juntos forman un ciclo narrativo ininterrumpido: Japón es siempre la patria perdida, siempre el amado inalcanzable, siempre el lugar profundo y contundente -inescapable- de la identidad. El nuevo libro, más tranquilo, más elegíaco, más introspectivo, parece el momento en que se cierra el círculo.

En el podcast, Nothomb dice una frase que condensa la verdad de su vida como escritora: “Mi mitología personal es realmente Japón”. Japón no es su tema. Es también su cosmogonía. Y esta vez el regreso no se presenta como un viaje. Es la memoria transformada en filosofía. El Japón que evoca ya no es geográfico. Se ha convertido en un país metafísico, un espacio espiritual construido a partir de la infancia, el lenguaje y la gramática espiritual del budismo y el sintoísmo (este último un sistema espiritual ligado a la tierra, al linaje y a la percepción del mundo como algo vivo, una religión no doctrinal, pero sí práctica y ritual). El nuevo libro es lo más cerca que ha estado nunca de reconocer que Japón no es el escenario de su literatura, es el motor.

Para entender el Japón de Nothomb, hay que empezar por los años anteriores a que el lenguaje y la memoria tomaran forma convencional. Su familia vivió allí mientras su padre era diplomático belga. Kioto y Osaka no fueron destinos elegidos en la edad adulta, sino el telón de fondo de su primera toma de conciencia de la existencia. La infancia en ese país le proporcionó lo que ella llama “la geografía de mi alma”. El primer mundo que percibió no fue Europa, sino el jardín japonés: la quietud, el silencio, el lento desvelamiento de un paisaje que debe contemplarse en lugar de consumirse. En un momento característico del podcast, habla de esos primeros años con una serenidad que roza la revelación religiosa: “Aprendí el mundo en japonés. No lo hablaba, sino que me moldeó”.

Más tarde, se daría cuenta de que su primer contacto con el mundo no fue el francés, sino la arquitectura sensorial del japonés. El japonés no es un idioma de sustantivos abstractos, sino de relaciones, contexto y gestos. Es una forma lingüística que se resiste a la separación entre la palabra y el mundo. En Occidente, las palabras describen la realidad. En Japón, las palabras la representan. Esa distinción es importante. Su nuevo libro trata el japonés no como una lengua extranjera, sino como un sistema invisible de organización espiritual. El sistema de escritura japonés -los kanji, que se parecen más a dibujos que a símbolos alfabéticos- se convirtió en su primer alfabeto. El país se inscribió en su imaginación antes de que pudiera conceptualizarlo. El exilio llegó antes que la conciencia de sí misma. Esto hace que su regreso sea un dilema lingüístico. El japonés expresa lo que el francés no puede. El francés expresa las heridas que el japonés no expresa. Su literatura es el puente construido entre dos identidades lingüísticas: una heredada y otra impuesta. La escritura se convierte en una reconciliación espiritual necesaria para alcanzar la paz interior.

Una crítica recurrente es que mitifica Japón. Pero ese es precisamente el punto. Su Japón no es documental, sino un modo de narrar o pensar la realidad que la convierte en mito, usando recursos poéticos y simbólicos. Y los paisajes míticos no requieren ni precisión ni realismo. Requieren verdad. Kioto se convierte en el teatro del despertar espiritual. Tokio se convierte en el escenario de la humillación y la trascendencia. Japón se convierte en el personaje al que se dirige y contra el que escribe. El país no es externo. Es interno. Nothomb no representa a Japón. Lo crea.

El diálogo de toda una vida con Japón no es solo una obsesión literaria. Es la historia de cómo una persona inventa una patria a partir de la memoria y la pérdida. Japón se convierte en la metáfora de la geografía del alma. Su nuevo libro cierra un círculo y abre otro. Acepta que el país de Oriente que ella conocía ya no existe a la vez que acepta que siempre volverá a él (al que no existe). La literatura se convierte en santuario, templo y jardín. Y por eso el nuevo libro parece la culminación de un proyecto vital. No porque finalmente llegue allí, sino porque revela el secreto de su escritura: Japón es el mito que la creó. Un mito que nunca podrá resolverse, un país que sigue hablando y el lugar donde la infancia se convirtió en destino.

Fuente: 1764475442

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